Vas a 300 kilómetros por hora,
los pinos pasan raudos,
los campos de Castilla ya no son
pausa ni olvido.
Son prisa meditabunda,
que dicen no a la modernidad de las placas solares.
¿A dónde van aquellos pinos
con tanta prisa?
Y de repente Segovia.
Tierra de acueductos,
cochinillo y del ínclito y amado
Perico Delgado.